El proceso de ratificación del CETA

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Melanie S. M. Lyn

El día 30 de octubre, Donald Tusk (Presidente del Consejo Europeo), Jean-Claude Juncker (Presidente de la Comisión Europea) and Justin Trudeau (Primer Ministro del Canadá) se encontraron en Bruxelas para firmar el CETA, el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Canadá

Pero el CETA aun no es un acuerdo cerrado. Esto solo fue el primer paso para iniciar el proceso de ratificación del CETA.

Los pasos de ratificación del CETA son:
1. La Comisión Europea presenta el resultado de la negociación con el gobierno canadiense
2. El Consejo Europeo (los gobiernos) aprueban, la Unión Europea y Canadá firman
3. El Parlamento Europeo vota
– La INTA (la Comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo, por sus siglas en inglés) vota
– Otras comisiones parlamentarias dan su opinión
– El Parlamento Europeo realiza su voto final «en pleno»
4. Los parlamentos nacionales (y regionales) votan

En julio de 2016, la Comisión anunció que el CETA terminaría siendo un acuerdo mixto. Esto significa que el CETA requiere la aprobación tanto del Parlamento Europeo como de cada uno de los 28 Estados miembro. En algunos estados ello implica que los parlamentos regionales (como Bélgica) o las cámaras de representación regional (Alemania) deben aprobarlo también.

Ahora estamos en el proceso de ratificación por parte del Parlamento Europeo. Normalmente, este procedimiento está bien establecido: durante al menos seis meses, el Parlamento examina el acuerdo antes de llevarlo a la votación plenaria. Estas revisiones incluyen audiencias, debates y declaraciones escritas. Las comisiones parlamentarias son las encargadas de llevarlas a cabo, cada una dentro de su ámbito específico de competencia de la UE. Las comisiones están constituidas por parlamentarios de todas la afiliaciones politicas y estados miembros. Este tipo de procedimiento tiene como objetivo distribuir poder a través de las instituciones europeas, de manera que, por ejemplo, las propuestas de la Comisión Europea puedan ser examinadas a ndo por el Parlamento.

En el caso del CETA, no obstante, las cosas van por otros derroteros. Aunque técnicamente está sujeto al procedimiento habitual de la UE, en la práctica será casi imposible que el Parlamento Europea pueda cumplir sus compromisos de transparencia y democracia.

Tras la aprobación y firma del tratado por parte de la Comisión, el Consejo y Canadá, era muy incierta la fecha de votación del Parlamento Europeo. Se había propuesto inicialmente que fuera a mediados de febrero, pero luego se adelantó a mediados de diciembre y al final se ha vuelto a retrasar al 1 de febrero. De todos modos, incluso la fecha inicial de mediados de febrero era precipitada y apenas dejaba tiempo a los parlamentarios para trabajar en las más de 1600 páginas del documento antes de poder tomar una decisión definitiva.

Hay otro asunto problemático: las comisiones europeas solicitaron ser consultadas antes de la votación, como es habitual en este tipo de procedimientos, pero esto fue inicialmente rechazado. Hace poco, gracias a la presión de los grupos de ciudadanos y de parlamentarios críticos, se consiguió que al menos tres comisiones (medio ambiente, transporte y empleo) pudieran preparar y dar su opinión por escrito. ¡Esto demuestra que el poder de la sociedad civil tiene impacto en las políticas internas de la Unión Europea! Sin embargo, el limitado plazo de tiempo podría afectar negativamente este proceso, pues devalúa los mecanismos correctores que aseguran el debate y el ejercicio de la democracia en el Parlamento Europeo.

El paso siguiente del proceso de ratificación será la votación por parte de la Comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo (INTA) que desempeñó un papel importante en las negociaciones del CETA: Los miembros de la INTA son diputados y su votación acerca de la aprobación o rechazo del CETA está prevista para finales de enero. Su decisión será presentada como recomendación en el debate final en sesión plenaria antes de la votación del Parlamento Europeo.

Tras una reunión del Consejo Europeo, el CETA se encontró un obstáculo cuando Bélgica fue incapaz de firmar el acuerdo debido a la resistencia de la región de Valonia. De acuerdo con la ley belga, todos los parlamentos regionales deben dar su permiso al gobierno federal para que este pueda firmar un acuerdo como el CETA. Durante un breve período, el primer ministro de Valonia, Paul Magnette, bloqueó la firma belga, constatando que el CETA era una amenaza para el servicio público y los agricultores de la región. Después de intensas negociaciones en el seno de la Unión Europea, Magnette consintió que Bélgica firmara el CETA, pero solo bajo algunas directrices nuevas (que incluyen una revisión de las disposiciones de protección de inversores por parte del Tribunal de Justicia de la Unión Europea). Asimismo constató que si no se seguían las indicaciones de Valonia, bloquearía el CETA en cuanto llegara al parlamento valón para su ratificación. Después de esos acontecimientos, el CETA fue firmado por Donald Tusk (Presidente del Consejo Europeo), Jean-Claude Juncker (Presidente de la Comisión Europea) y Justin Trudeau (Primer Ministro del Canadá) el 30 de octubre de 2016.

De momento parece que la votación en sesión plenaria del Parlamento Europeo tendrá lugar a primeros de febrero. Para rechazar el CETA, aproximadamente 372 de los 571 diputados tendrán que votar «no». Como alternativa, si hubiese un número suficientemente grande de abstenciones entre los diputados, y más votos en contra que a favor, el CETA también sería rechazado.

Si los diputados aprueban el acuerdo CETA en el Parlamento Europeo, el CETA será enviado para votación a los parlamentos de los 28 Estados miembros de la UE. Basta que un único parlamento nacional rechace el CETA, y el acuerdo de libre comercio es suspendido como un todo.